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    • El partido que no se debía perder

      El partido que no se debía perder

      Los recuerdos de las eliminaciones por penaltis sufridas en el Mundial de 1994 (ante Bulgaria) y en la Copa Rey Fahd de principios de 1995 (ante Dinamarca) seguían vivos en el seno de la Selección Mexicana en la antesala del duelo de Cuartos de Final de la Copa América, ante Estados Unidos en la COPA AMÉRICA URUGUAY 1995.

       

      Por ello, el 15 de julio de 1995, dos días antes de que México se enfrentará por el boleto a Semifinales contra los estadounidenses, el técnico Miguel Mejía Barón dedicó buena parte de su entrenamiento a la ejecución de los mencionados remates.

       

      “Todos los posibles cobradores ensayamos por si llegábamos a esa instancia, hicimos tres o cuatro cada quien, y si alguno quería, podía quedarse más tiempo”, revela Missael Espinoza.

       

      CopaAMerica1995Interior

       

      Dar más tiempo a este ejercicio era una medida precautoria, incluso cuando el doctor Mejía Barón consideraba que “todos los que estaban en ese equipo eran capaces de acertar, pues se ubicaban en el más alto nivel y eran seleccionados”.

       

      CON EQUIPO RENOVADO

       

      En esta edición del torneo continental, la escuadra mexicana fue muy distinta a la que hizo su debut y quedó subcampeona en la Copa América de 1993.

       

      Existían razones. “Hubo jugadores clave que ya no pudieron asistir: David Patiño, Hugo [Sánchez] y Luis Flores, quien ya había terminado su carrera por lesiones. Con un solo jugador que no puedas sustituir, todo se complica. En esos dos años habíamos sufrido muchas modificaciones y el equipo no estaba tan congeniado como en el 93. Era una escuadra que llevaba menos tiempo de trabajo”, señala Mejía Barón, quien se encargó de cubrir las bajas mencionadas con Carlos Hermosillo, Luis Miguel Salvador y Manuel Martínez.

       

      No sólo en la delantera hubo cambios respecto del plantel que se presentó en Ecuador. En esta plantilla también resaltaron de mediocampo hacia abajo dos nuevos jugadores: Alberto Coyote y Manuel Vidrio, ambos del Guadalajara.

       

      “Siempre tuve un equipo en el cual todos estaban dispuestos a entregarse al máximo, aunque a muchos les faltó tiempo para incrustarse al trabajo que arrastrábamos desde que llegué a la Selección en 1992.

       

      Coyote era de los nuevos. Vidrio, por ejemplo, no estaba tan compenetrado con la comunicación y el entendimiento de [Claudio] Suárez, Ambriz y [Juan de Dios] Ramírez Perales; no quiere decir que no fuera bueno, sino que no estaba adaptado a nuestro trabajo”, describe el estratega.

       

      Los cambios se notaron desde la primera jornada, cuando el Tri fue derrotado 2-1 por Paraguay. “Tuvimos un inicio complicado”, revela Missa, quien antes del duelo dio algunos consejos para vencer al arquero Rubén Ruiz Díaz, su compañero en Rayados. “Previo al partido, aporté algo durante la charla para batirlo, aunque era un porterazo con muy pocos defectos. Más allá de cualquier tip, lo importante era preocuparnos por lo que hacíamos. Ese día no jugué, me quedé calentando… y Rubén se salvó porque le hubiera metido algún pepinillo”, relata entre risas Espinoza.

       

       

      El revés fue doloroso, pero no quebró las ilusiones ni del equipo ni de Missael. “Yo no inicié en ese partido, pero sí ante Venezuela, a la cual le metí un gol. También ahí me cometieron un penal que fue tirado por Luis García. En ese duelo, me gané la repetición para el siguiente”.

       

       

      El cierre fue ante el siempre complicado Uruguay, más aún estando en su casa. La Selección Mexicana mostró mejores cosas ante los charrúas y salieron con un alentador resultado (1-1).

       

       

      “Siempre enfrentar al anfitrión y sacarle un punto es importante, porque habla bien del trabajo realizado. Además, sirvió para llegar con mayor confianza ante Estados Unidos”, recuerda Missael. Y su timonel refuerza: “Los llevábamos abajo en el marcador, pero, tras batallar mucho, nos empataron. Al final, fueron campeones porque eran un gran equipo, pero no nos pudieron superar”.

       


      CONTRA EL VECINO INCÓMODO

       

      Tras clasificar en el tercer lugar de su grupo, enfrentar a Estados Unidos, en apariencia, era un trámite más accesible. “Si no eran ellos, habríamos jugado ante Argentina o Colombia o algún otro… el que fuera sería complicado”, señala Espinoza.

       

      Por otra parte, para Mejía Barón, toparse con Estados Unidos, ya para entonces convertido con el vecino incómodo de la Concacaf, no era nada relevante: “No me significaba nada especial; veía con mucho respeto a todos mis adversarios”, asegura.

       

      Llegó el 17 de julio, día del enfrentamiento entre estadounidenses y mexicanos, únicos ajenos a la región de Sudamérica y que fueron invitados a la Copa por la Conmebol.

       

      El Tri salió al terreno de juego del estadio General Artigas en Paysandú con la intención de liquidar aEstados Unidos en los 90 minutos, incluso en los tiempos extra, pero fue imposible. “Así es el futbol, seguramente lo intentamos todo”, dice el doctor, mientras Missael atribuye el empate sin goles (el cual obligó a la definición en penales) a que “con Bora Milutinovic (en el proceso mundialista de 1994), ellos empezaban a crecer, pero ese día nos jugaron con un planteamiento muy defensivo,todos atrás y buscando un contragolpe, pero nadie anotó.

       

      Ellos sabían que en tiempo normal no iban a ganarnos y por eso buscaron los penales. Las modificaciones ofensivas realizadas por Mejía Barón al ingresar a Hermosillo, a Ambriz y a Martínez en la recta final del segundo tiempo, con el objetivo de conseguir el pase en tiempo regular, fueron inútiles.

       

      “Miguel hizo cambios para evitar los penales, pero no se pudo”, expresa Missael.

       

      Con el intento fallido, los ensayos realizados desde los 11 metros horas previas al choque parecían un acierto. Más aún cuando el equipo azteca contaba con jugadores de reconocido prestigio en ese tipo de definiciones.

       

      “Esta Selección tenía grandes cobradores de penales, por eso había mucha confianza en la afición y en nosotros. Teníamos a Claudio Suárez, Hermosillo, Ignacio Ambriz y Luis García. La lista de cobradores la hizo Miguel con sus auxiliares (Guillermo Vázquez y Javier Aguirre), tomando en cuenta lo que tenían en la cancha”, recuerda Missael Espinoza.

       

      El Tri sumaba resultados adversos en sus últimas definiciones desde esta instancia, sin embargo, existía esperanza por cambiar la historia.

       

      No me acuerdo cómo hice la lista, pero sí recuerdo que confiaba plenamente en mi gente. Sería absurdo que uno como entrenador dudara de que alguien pueda meter la pelota a 11 pasos, o de que tenga la capacidad para cobrar un penal… aunque hay unos mejores que otros”, resalta Mejía Barón.

       

      Pese al optimismo, las fallas de Hermosillo y de Coyote sentenciaron al equipo mexicano, otra vez, desde la vía penal. “Lo primero que hice fue abrazarlos y darles una palmada en la espalda diciéndoles: ‘No pasa nada, esto es un juego en el que a veces ganas y otras pierdes’”, recuerda a la lejanía el estratega, mientras acompaña sus memorias con una frase:

       

      “Falla el que va a tirar, no el que se queda sentado en la banca”, Miguel Mejía Barón.

       

      El revés fue sumamente doloroso para todos, pues, al quedarse fuera de las Semifinales, se diluían las ilusiones de México… “Apareció el fantasma de los penales y quedamos fuera”, asevera Missael, quien todavía conserva fresca en la memoria la frialdad vivida entre los seleccionados al final del encuentro.

       

      “Hubo un silencio muy incómodo; durante 15 ó 20 minutos estuvimos inmóviles, cada quien en su lugar, con cara de dolor y pensando en lo que había pasado y en lo que dejamos de hacer. Nuestro vestidor era desolador, pero fue regresando a un estado menos crítico conforme nos fuimos quitando la ropa y metiendo a las regaderas”, recuerda Espinoza.

       

      También asegura que el estratega intentó animarlos: “Hubo palabras de Miguel motivándonos a seguir en la carrera, a no desanimarnos. Nos dijo que así era el futbol y que tenía que haber un perdedor y que, desafortunadamente, nos había tocado a nosotros. Fue doloroso perder ante Estados Unidos y tardamos mucho tiempo en poder digerirlo”.

       

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      “ME LA TENÍAN GUARDADA”

       

      La eliminación derivó en muchas críticas, sobre todo para Mejía Barón, a quien acusaron de practicar un futbol defensivo, tal como sucedió en 1993. Sin embargo, el doctor recibió en todo momento el respaldo de sus dirigidos.

       

      Al respecto, Missael opina: “Con él como entrenador, al interior existía mucha oportunidad para la comunicación… para expresar nuestros puntos de vista. Siempre tuvo el tino de hablar con todos los jugadores para aclarar cualquier situación. Era exigente, pero nunca dejó de lado la educación y el respeto al jugador. Esa era la imagen que dejaba en todos los que fuimos”.

       

      Pero, a Miguel, ningún elogió le serviría para mantenerse en el puesto de seleccionador. Cuenta: “Los directivos de la Federación (Mexicana de Futbol) tenían guardado un rencor hacia mí por lo que ocurrió en 1993, cuando el grupo se reveló. Yo los apoyé haciendo caso omiso a las peticiones de dejar en México a líderes que algunos dirigentes no querían que fueran a esa Copa América”.

       

       

      Al doctor no le hablaron a Uruguay para despedirlo y él tampoco llamó a José Antonio Leaño ‒presidente de la Federación‒ para pedirle otra oportunidad. Su cese se dio en cuanto llegó a México.

       

      “Yo no moví un dedo para quedarme. Me dijeron: ‘Miguel, estamos pensando…’, y yo dije: ‘Sí’. No iba a rogarle a nadie. No por orgulloso, simplemente porque sabía que no iba a ser apoyado por la gente que estaba ahí”, relata Mejía Barón.

       

      “Me guardaron esa represalia, aunada a que los resultados no eran tan buenos… pero no eran malos.Así es el futbol. Seguramente lo intentamos, seguro Hermosillo y Coyote han metido muchos goles y seguro si hubiéramos pasado habrían tenido que aguantar más tiempo para correrme. Pero yo regresé a dar la cara… muchos no lo han hecho”, ironiza MMB.

       

      “Mejía Barón nos dijo que no nos presionáramos, que éramos afortunados por vestir la camiseta nacional en un evento de tal importancia como la Copa América”, Missael Espinoza.

       

      “La eliminación sirvió a la Federación para cobrarme lo que tenía guardado desde 1993 por apoyar a los jugadores en su protesta contra el Draft”, Miguel Mejía Barón.

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    • Sobrevivientes de los Andes

      Sobrevivientes de los Andes

      Un aeroplano proveniente de Santa Cruz, Bolivia, rondaba el aeropuerto de La Paz, capital del país. En ella se transportaba un grupo de futbolistas mexicanos que sufrían por un aterrizaje al que no estaban acostumbrados.
      “Volábamos entre las montañas por la gran altitud a la que se ubica esa ciudad (3,650 metros sobre el nivel del mar). Íbamos sorprendidos por la cercanía que teníamos con las cimas, cuando, de repente, el avión comenzó a descender de forma muy notable, se enfiló a la pista y aterrizó en pocos metros porque era muy corta”, relata aún con asombro Adolfo Ríos, portero de aquella experimentalSelección Mexicana que el director técnico Bora Milutinovic llevó para encarar la Copa América 1997.

       

      En cuanto el aeroplano tocó tierra, los integrantes del Tricolor solo deseaban trascender en el torneo al encontrarse en vísperas de la Semifinal.

       

      El equipo mexicano había viajado al torneo muy cuestionado por la prensa y por algunos dirigentes debido a la inexperiencia de varios jugadores.

       

      “Se luchó mucho para que nos invitaran. Fueron dos años de viajes a Sudamérica y de picar piedra. Por eso veo totalmente desfachatado que mandemos a novatos a foguearse”, dijo Emilio Maurer ‒ex vicepresidente de la Federación Mexicana de Futbol‒ antes de que el equipo viajara a Bolivia.

       

      Ya en competencia, esa Selección tan criticada hizo méritos para, contra todos los pronósticos, llegar a semifinales y medirse ante el país anfitrión.

       

      MExicoCopaAmerica1997_Interior

       

      “Trabajamos muy fuerte para estar en esa fase, aun cuando nadie creyó en nosotros al salir de México. Sabíamos que no éramos favoritos y que habíamos viajado para adquirir experiencia, pensando en ganarnos un lugar para el Mundial (Francia 98). Teníamos que demostrar nuestra capacidad”, recuerda Adolfo Ríos, quien tuvo la titularidad del arco desde el segundo partido, ante el Brasil de CafúDungaRomario y Ronaldo; ya que en el primero, contra Colombia, habían parado Hugo Pineda y Martín Zúñiga.

       

      “Estábamos ante una oportunidad única en nuestras carreras. Desde que pisamos Bolivia, Bora nos dijo: ‘Éste es el momento para demostrar que son aptos para el puesto y que la experiencia no es necesaria para sobresalir’. Era motivante”, explica Ríos, quien aprovechó la ausencia por lesión deJorge Campos para disputar la titularidad a Pineda y Zúñiga, con quienes sostenía una sana competencia por el puesto además de buenas relaciones, sobre todo con el primero, su compañero de cuarto en la concentración.

      “Un día fuimos de compras en Santa Cruz y me dijo: ‘Acompáñame a la juguetería’. Ahí compró una pistola Nerf (de balas de goma) que, según él, sería para sus hijos, pero yo le dije: ‘También le llevaré una al mío’… porque sospechaba lo que iba a hacer. Efectivamente, un día me atacó en el cuarto con su ‘arma’, a lo que obviamente respondí. Fue muy divertido”, recuerda Ríos.

       

      EL CARISMA DEL MATADOR

       

      Adolfo, al igual que sus 21 compañeros, sabía que ese partido de semifinales, ante la selección boliviana del portero Carlos Trucco y el mediocampista Marco Etcheverry, era la oportunidad perfecta para seguir exhibiendo el buen futbol que habían mostrado a lo largo del torneo, en el cual se presentaron con una victoria sobre Colombia gracias a un par de goles de Luis Hernández, quien, por cierto, era el generador de la alegría no sólo en la cancha, también en el vestidor.

       

      “Luis atravesaba un gran momento, hacía goles de todo tipo y cualquier tiro lo ponía en la redes. Además, era muy divertido. A lo largo de las concentraciones hacía cosas impensables. Cuando los doctores o masajistas nos iban a visitar a los cuartos del hotel, tocaban. Al abrirles para que te atendieran, aparecía Luis con gritos que sí te espantaban porque, obviamente, no esperabas que saliera. ¡Imagina nuestras reacciones!”, confiesa Ríos riendo.

       

      La ratificación del Matador como ariete llegó en el segundo partido, al marcar otro par de tantos que pusieron a Brasil contra la pared apenas jugado el minuto 31. Ese día, el Tri perdió 3-2, pero dejó una grata imagen, sobre todo Luis, a quien los periodistas asediaban para entrevistas y los niños, incluso brasileños, para fotografiarse a su lado.

       

      La fórmula sirvió durante la primera mitad, la cual terminó 2-0 a favor del cuadro azteca. “Era increíble para muchos; para nosotros no porque habíamos trabajado para lograrlo”, señala Adolfo al tiempo que rememora la reacción del poderoso rival: “En una jugada, Duilio Davino rechazó un balón por aire y lo mandó a tiro de esquina ante la presión de un rival, quien lo golpeó abriéndole una herida y obligándolo a salir del campo para que lo atendieran. Antes de que Brasil ejecutara, Duilio estaba listo para reingresar, pero el árbitro (José Arana, de Perú) no lo permitió. Cuando se cobró el tiro, el jugador al que tenía que marcar Davino (Aldair) nos anotó el gol (2-1)”. Ahí inició la voltereta delScratch do Ouro que luego culminaron Romario y Leonardo.

       

       

       

      El ánimo era aceptable pese a la derrota. “Habíamos hecho buenos partidos ante Colombia, que en ese momento iba en los primeros lugares de la eliminatoria (de Conmebol), y ante Brasil, que siempre lleva estrellas”, presume Ríos.

       

      Para el último duelo de la fase de grupos, se empató con Costa Rica, dando origen a otra ola de comentarios negativos y dudas sobre los jóvenes dirigidos por Milutinovic. “Era difícil que aguantáramos tres partidos al mismo ritmo en una semana”, indica Adolfo. A pesar de ello, la igualada ante los Ticos no perjudicó el pase del Tri a Cuartos de Final como segundo lugar del grupo.

       

       

      CONTRA LOS FANTASMAS

       

      Ecuador apareció en Cuartos de Final. Tras un empate en tiempo regular, el ganador tuvo que salir de los penales, definición que en competencias previas había sido la causa de duros fracasos del futbol mexicano.

       

      En esta ocasión, la presencia de Ríos bajo los tres postes fue vital para el Tri. El arquero desvió tres remates convirtiéndose en héroe. “El mérito fue de todos. No queríamos llegar hasta esa instancia, pero disfrutamos mucho el triunfo, más porque no sólo se eliminaron los fantasmas de nosotros los jugadores, sino de la historia”, opina quien detuvo los disparos de Luis Capurro, Ulises de la Cruz y Julio Rosero.

       

       

      La gran actuación de Adolfo condujo a México a semifinales, donde se medirían ante los de casa. “Nunca dejamos de creer en nosotros. Era un equipo joven, cierto, pero teníamos trayectoria enJuegos Olímpicos y Copa Oro”.

       

       

      No existían temores por jugar ante Bolivia, no los amedrentaba la altitud de La Paz, mucho menos estaban preocupados por ser eliminados en la antesala de la final. Y es que, desde su partida del Distrito Federal, existían prioridades bien definidas.

       

      “El objetivo desde el inicio era ganar experiencia, lo que viniera después era extra”, admite Ríos, quien evoca las palabras que Milutinovic pronunció en ese momento: “Sí se puede, vamos a ganar. Ojalá podamos hacer algo importante… Todo es posible en esta vida”.

       

      EL ARBITRAJE DE EPIFANIO

       

      El estadio Hernando Siles fue el escenario de la semifinal. México se puso en ventaja al minuto ocho con gol de tiro libre de Nicolás Ramírez, sin embargo, algunas irregularidades en el arbitraje del paraguayo Epifanio González resultaron perjudiciales para el cuadro mexicano.

       

      “No hubo malas intenciones, pero sí fue una circunstancia rara”, asevera Adolfo Ríos.

       

      El Tri perdió 3-1 y terminó con nueve jugadores tras las expulsiones de Claudio Suárez y Joel Sánchez, además de la de Bora, quien fue reprimido por el ejército local que invadió un par de veces el campo. “Nos dejó una sensación de impotencia”, considera al arquero.

       

       

      “Perdimos porque ellos anotaron tres y nosotros uno”, se limitó a decir Milutinovic al término del partido. “Estoy triste porque se perdió el pase a la final, pero orgulloso por el gran esfuerzo de los muchachos”.

       

      La Selección Mexicana tendría que conformarse con buscar el tercer lugar ante Perú, víctima de Brasil en la otra Semifinal.

       

      En el seno azteca existía optimismo: “Era nuestra despedida del certamen y queríamos ganar”, cuentaRíos mientras revela las complejidades afrontadas para ir de La Paz a Oruro, sede del estadio Jesús Bermúdez.

       

      “Nos fuimos en autobús porqué no había otra forma de llegar. El viaje fue muy peligroso, sobre todo de ida, ya que tuvimos que subir por la ladera de la montaña y cuando íbamos del lado que daba al precipicio todos viajamos viendo por la ventana pidiendo no caer. El silencio revelaba una preocupación inminente. De regreso, ya nos tocó ir pegados a la montaña y fue menos inquietante”.

       

      Ese mutismo pudo reflejar el miedo al abismo que los rodeaba, pero también, la inconformidad con el arbitraje que los afectó horas atrás en el Hernando Siles. De cualquier forma, ese Tri no se dio por vencido y se colgó la medalla de bronce, encontrando en esa victoria de 1-0 una revancha inmediata. “Tercero es mejor que cuarto”, consideró Bora hablando “por todos”, afirma Ríos. Más cuando la posición le dio prestigio y 250 mil dólares a repartir.

       

       

      “Fuimos a Bolivia motivados por demostrar que teníamos el nivel para representar a México. Jamás sentimos que fuéramos una Selección de emergentes”, Adolfo Ríos.

      “Ante Bolivia sufrimos de todo…desde decisiones arbitrales en contra hasta agresiones, pero al final nos ganaron con goles; no hay pretextos”, Adolfo Ríos.

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    • La primera vez nunca se olvida

      La primera vez nunca se olvida

      Ni siquiera él se lo esperaba, pero el trabajo que había realizado con Pumas y el que estaba haciendo en Monterrey representaron la ventaja necesaria para rebasar a Manuel Lapuente en una carrera en la cual Miguel Mejía Barón ni siquiera sabía que estaba compitiendo.

      “Jorge Lankenau, mi directivo en Monterrey, me dijo: ´Miguel, hay rumores de que te quieren ofrecer a la Selección, está entre Lapuente y tú, pero mejor que le busquen por otro lado porque yo estoy muy a gusto contigo. Tenemos un compromiso de tres años y quiero que lo cumplamos, ¿tú qué piensas?’. Le respondí: Jorge, llevo dos años trabajando aquí y no tengo interés por la Selección. Nos vemos después de Navidad”, rememora Mejía Barón.

      Sin embargo, la noticia no pudo esperar. Durante la Navidad de 1992, y a pesar de que habían quedado en verse hasta después de las fiestas decembrinas, Lankenau hizo saber a Mejía Barónque la decisión ya había sido tomada y que, a partir de entonces, la selección Mexicana estaba en sus manos. “Me extrañó la noticia porque no había tenido yo ningún acercamiento; solamente rumores que leía en la prensa. No me inquietaba para nada la Selección, yo estaba muy a gusto enMonterrey. No fue un premio ni lo tomé como algo especial… fue el destino”, reconoce el doctor en odontología.

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      Se juntaron las Copas

      Con nuevo técnico al frente y armada con una gran generación de jugadores que atravesaban su mejor momento, la Selección Nacional disputó, en los primeros meses de 1993, la ronda final de la eliminatoria para el Mundial de Estados Unidos, en la cual se hizo del boleto tras terminar adelante de Canadá, Honduras y El Salvador.


      Confirmada la asistencia de el Tri a la Copa del Mundo, el siguiente objetivo era la Copa Oro, pero, sorpresivamente, se anunció la participación de México en la Copa América, torneo hasta entonces exclusivo de los países sudamericanos. “Cumplimos con la eliminatoria al Mundial. Después teníamos marcada la Copa Oro, no la Copa América. Yo no tenía clara la dimensión de la importancia, pero fue como cuando te invitan a una fiesta: te sientes halagado.

      “Nos íbamos a enfrentar con rivales de otro nivel, no mejores ni peores, simplemente diferentes a los que teníamos en el área [Concacaf]”
      Miguel Mejía Barón.

      Así, el entonces entrenador nacional conformó un vasto plantel ideado para disputar ambos torneos, puesto que el calendario indicaba que la Copa América y la Oro se disputarían entre junio y julio, una tras otra.

      “La base de ese equipo tenía origen puma, pues a varios de ellos los dirigí en Universidad… a Luis García, [Juan de Dios] Ramírez Perales, Beto García Aspe, Claudio Suárez y Jorge Campos. Además de otros a los que no había dirigido, como Benjamín Galindo, Luis Flores, Nacho Ambriz y Marcelino Bernal”, apunta el técnico.

      Aunque los nombres que figuraban en la lista de convocados tenían mucho peso en el futbol mexicano, existía uno que pesaba más que cualquiera: “Hugo Sánchez fue muy importante en la clasificación al Mundial y en principio habíamos acordado que ésa sería su última participación con la Selección. Él me decía: ‘Ya no puedo; mi rodilla no está bien’. Pero ante la invitación a la Copa América, me pidió que lo llevara y yo le dije que no había problema”.

      Días previos al viaje hacia Ecuador, México tuvo su despedida frente a Paraguay en el Estadio Azteca. Mejía Barón recuerda: “Antes de que saliéramos a la cancha, pedí a Nacho Ambriz que le cediera el gafete de capitán a Hugo, porque era su despedida frente al público mexicano. En cambio, Hugo me dijo: ‘¿Sabes qué? No me lo des. La gente va a pensar que soy el líder y no quiero eso. Mejor dámelo cuando estemos en Ecuador’. Ok, le dije”.

      Ante la ausencia del Abuelo Francisco Javier Cruz por lesión ‒otro jugador fundamental en la eliminatoria‒, Mejía Barón estaba necesitado de un delantero. “En aquel entonces, el que pasaba por mejor momento era Zague, incluso por encima de Hugo y Luis García. Cuando le hablé para decirle que lo necesitaba en la Selección, él se encontraba en Brasil de vacaciones. Estábamos a dos días de partir a Ecuador y le dije: ‘Oye, Luis Roberto, ya que tú estás en Brasil, mejor alcánzanos en Ecuador para que ya no vengas hasta acá’. Bueno… al día siguiente, Zague ya estaba concentrado en México con el resto del grupo. Un gentleman sin lugar a dudas”.


      EL FANTASMA DE MACHALA

      A falta de cuarenta minutos para abordar el avión rumbo a Ecuador, los integrantes de la Selección se encontraban en un salón de hotel sin saber si realizarían el viaje o no, mientras redactaban un pliego petitorio en contra del Draft, régimen de transferencias ante el cual los jugadores carecían de defensa y voz.

      “Los directivos me pidieron que dejara a ciertos jugadores y que me llevara a otros a la Copa América, pero yo me negué y extendí mi apoyo total a mis jugadores. Les dije: ‘Los únicos que van a decidir si vamos o no son ustedes. Sea cual sea, yo apoyaré la decisión que tomen, ahí me avisan’. Salí del salón y dejé que los muchachos decidieran.

      Después de unos minutos, Javier Aguirre, quien fungía como intermediario entre el cuerpo técnico y los jugadores, salió y me dijo: ‘Listo, Miguel, ya decidieron que sí vamos’. Ok, agarren las maletas y vámonos”, dijo el entrenador.

      Contrario a lo que se podría pensar, los integrantes de la Selección volaron a tierras sudamericanas con una gran motivación. Cuenta Mejía Barón: “La única consecuencia de esto fue que el grupo se unió más, porqué sabíamos que los directivos estaban esperando cualquier traspié para cortar cabezas. La primera sería la mía, luego las de Javier [Aguirre] y Memo [Vázquez]. Después, se irían sobre los cabecillas del movimiento: Hugo Sánchez, Luis García, Benjamín Galindo…”.

      Tri_CopaAmerica1993_principal

      La primera participación de México en Copa América marcó como rivales a Colombia, Argentina y Bolivia. El primero de ellos era dirigido por el reconocido técnico Francisco Maturana, quien tenía en sus filas al talentoso Carlos Pibe Valderrama y al extrovertido y espectacular portero René Higuita.

      “Llegó el primer partido frente a Colombia, dimos un gran juego y, cuando dominábamos, vino el apagón de 15 minutos. Luego, el gol fantasma. La derrota dolió, sin embargo, ahí fue cuando nos dimos cuenta de que no era cosa del otro mundo”, comenta Mejía Barón, a la vez que recuerda una anécdota previa al debut:

      “Un día antes del partido, los dos equipos estábamos entrenando en la cancha, ellos por un lado y nosotros en el otro. Entonces, me acerqué a Maturana y le dije: ‘¡Hola! Soy fulano de tal. Fui un atrevido que te envió videos de un portero cuando dirigías al Valladolid en España. Quería que lo vieras porque tiene un estilo similar a René Higuita y quería que le echaras un ojo… Ese portero es Jorge Campos”.

       


      DE TÚ A TÚ

      En pleno torneo, Luis García tuvo que abandonar la concentración del Tri para ir a jugar con su equipo, el Atlético de Madrid, un partido obligatorio frente al Zaragoza en España. “Luis tenía que acatar las órdenes del presidente del Atlético, Jesús Gil y Gil, un auténtico barbaján”, se queja Mejía Barón.

      A su regreso de España, García Postigo se reintegró previo al partido contra Argentina, y se encontró con una determinación que no le cayó para nada en gracia. ”Reuní a Luis y a Hugo en mi cuarto. Le dije al primero: ‘Mira, yo juego con dos delanteros y el que mejor anda de los tres es Zague. Tú sabes que Hugo fue muy solidario conmigo en la eliminatoria y es su último torneo. Por la historia que él tiene y por lo que representa en el país, te pido que le cedas el lugar en la delantera. Él está terminando su carrera y tú todavía tienes mucho futuro’. Luis no lo tomó muy bien y se fue encabronado”, revela el doctor.

      Sin tiempo para pensar en arreglar el problema con García, el equipo se enfocó en una Albiceleste que contaba con jugadores de categoría mundial, como Óscar Ruggeri, Fernando Redondo y Gabriel Batistuta. “Sin duda alguna, el mejor partido que tuvimos en el torneo lo hicimos frente a Argentina, un gran equipo. Era el campeón defensor. Merecíamos más que el empate (1-1) porque dominamos ampliamente. Le podíamos jugar de tú a tú a cualquiera”, presume el técnico.

      Disputados dos encuentros, México tuvo que buscar el pase a cuartos frente a Bolivia, un duro rival que complicó el encuentro, sobre todo, después de que el defensor Marco Sandy lesionara a Claudio Suárez. “Al medio tiempo, muy decentemente me le acerqué al árbitro y le dije: ‘Profesor, con todo respeto, la entrada que le hizo Sandy a Claudio fue un acto criminal, y una de sus obligaciones como árbitro es cuidar la integridad física del jugador’. No dijo nada, se dirigió al vestidor y cuando salíamos para el segundo tiempo, el asistente me hizo saber que yo estaba expulsado”, testifica Mejía Barón. No obstante, el partido terminó 0-0, lo cual dio el pase a México como el segundo mejor de los terceros lugares.

       

      HAGAN LO QUE SE LES HINCHEN

      Pese a la calificación, las críticas de la prensa hacia el funcionamiento de México no se hicieron esperar, y es que la cosecha de goles era de dos, en tres partidos. “Nunca entendí por qué la prensa me tachó de defensivo si utilizaba un sistema 4-3-3 que luego cambiaba al 4-4-2. En la defensa tenía de lateral derecho al Potro Gutiérrez y por la izquierda traía al 10 de Santos, Ramón Ramírez. Estos dos apoyaban a la media de Aspe y Galindo, y entre todos proveían de balones a la delantera. ¿Cuál sistema defensivo? Por eso, en el partido de cuartos contra Perú les dije: ‘Vamos a mostrarles que no somos defensivos, ¡hagan lo que se les hinchen los huevos!’. Lo hicieron y metieron cuatro goles”, recuerda el estratega entre risas.

      Considerado ya como el caballo negro de la competencia, México llegó a semifinales para enfrentar al anfitrión: Ecuador, al cual finalmente se le ganó por 2-0 para obtener el pase a la final contra Argentina.

      Con 40 mil aficionados en el estadio Monumental de Guayaquil y con el antecedente del empate en fase de grupos, el duelo entre mexicanos y argentinos prometía ser igual de vistoso que el primero… y así fue.

      Con llegadas por ambos lados,el partido se mantuvo empatado a cero hasta el minuto 63 cuando Batistuta aprovechó un servicio proveniente de atrás del mediocampo y, con fuerza y velocidad, se deshizo de los defensores mexicanos para batir a Campos. México empató cinco minutos después gracias a un penal cometido por el portero Sergio Goycochea sobre Zague que Galindo cobró con precisión, pero Batigol acabó con toda esperanza al aprovechar un descuido de la defensa y anotar el 2-1 al minuto 74. El sueño se había acabado.

      “No hay nada como la victoria y no hay nada como la derrota, sobre todo en momentos culminantes como aquella final, en los cuales sabes que puedes ser el mejor. Cuando no lo logras, no puedes decir que no diste todo de ti; una genialidad del contrario te superó, es todo. No es el fin, hay que levantar la cara y saber que mañana será otro día, que regresarás a casa y seguirás trabajando”, reflexiona Mejía Barón sobre la final.

       

       

      Tras la obtención del subcampeonato continental, la afición se volcó a las calles de la Ciudad de México para festejar el logro de la Selección en una manifestación multitudinaria que no se veía desde el Mundial de 1986. Los Verdes le habían devuelto la alegría a su afición.

      “En el vuelo de regreso, todos pensábamos que cada quien se iba a ir con sus familias y adiós. Pero llegan- do al aeropuerto, nos sacaron por otra puerta dizque para salir más rápido y evitar a la gente.De repente, nos subieron al papamóvil y de ahí nos llevaron a Los Pinos. En el trayecto, fuimos testigos de auténticas escenas dantescas. Pudimos vivir cómo la gente se emocionaba al ver el camión y saludarnos a lo lejos. ¡Fue maravilloso!”, sonríe el estratega al recordar aquel inolvidable verano de 1993.

      Ante esa espontánea muestra de afecto de los aficionados, el doctor Mejía Barón, siempre serio, no pudo evitar conmoverse y rompió en llanto frente a todos sus dirigidos.

       

      “Se nos fue la oportunidad de ser campeones en la primera Copa América, más que por otra cosa, por falta de experiencia”
      Alberto García Aspe.

       

      “Creo que volver a juntar jugadores como los que hubo en esa generación va a ser complicado. Será difícil que salgan en el mismo momento. Tenías de todo y para repartir”
      Luis García.

       

       

       

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    • Cinco polémicas (¿absurdas?) comparaciones

      Cinco polémicas (¿absurdas?) comparaciones

      Carlos Reinoso | “Me van a tildar de loco, pero es un sentimiento y un pensamiento que lo he dicho hace muchos años: el mejor jugador por sobre Chicharito, que ha nacido como delantero en este país es Enrique Esqueda”, dijo en entrenador chileno en 2011, cuando dirigía al América.

      Y sí, como una locura fue considera la compleja comparación del Maestro.

      chicharito-esqueda-reinoso

      Héctor Herrera | “Por la clase que tenía jugando, la tranquilidad, la visión de juego y porque me gustaba mucho la forma en la que trataba el balón, para mí, Juan Román Riquelme es el mejor, y creo que me parezco mucho a él en la forma de jugar”, dijo el volante mexicano del Porto.

      La auto-comparación no resultó tan absurda, pero sin duda generó polémica. Por ello, vale la pena preguntar: ¿el canterano del Pachuca se desenvuelve dentro del campo como lo hacía el astro argentino?

      comparaciones-futbol

      Juan Carlos Osorio | “Tecatito está a la altura de Neymar. Brasil tiene a Neymar y nosotros tenemos a Jesús”, declaró el colombiano, actual entrenador de la Selección Mexicana, quien sin empacho consideró que el ahora jugador del Porto se encuentra en un nivel tan alto como el de uno de los mejores futbolistas del mundo.


      La comparación causó polémica por los logros que han obtenido los dos entrenadores españoles, caso concreto con el Barcelona, en relación a la nula cosecha de títulos del Jefe Boy como técnico.Víctor Vázquez | “Tomás Boy tiene un estilo entre Luis Enrique y Guardiola, tiene un poco de los dos. Le gusta jugar al futbol y manejar el balón siempre y tiene ese carácter que imprime al equipo, de trabajo, de nunca bajar los brazos y nos ha metido una idea muy clara y todos los jugadores tenemos ese carácter y la calidad que nos hace fuertes al día de hoy”, declaró Víctor Vázquez.

      Víctor Vázquez, jugador de Cruz Azul, se despachó con una singular comparación que causó polémica entre los medios y aficionados del futbol de México. Y es que el volante español, consideró que Tomás Boy, entrenador de la Máquina, tiene un estilo similar al de Pep Guardiola y Luis Enrique.

      Ante el peculiar hecho , hacemos un repaso de cinco polémicas (¿absurdas?) comparaciones:

      Manuel Lapuente | “Cuauhtémoc Blanco es mejor futbolista que Zinedine Zidane”, dijo el entrenador mexicano. Polémica comparación de Manolo, quien encontró en el Temo a un jugador que se convirtió en líder de la Selección Mexicana cuando el hombre de la boina la dirigió.


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    • 5 futbolistas que jugarían Copa América y JO

      5 futbolistas que jugarían Copa América y JO

      Este 17 de marzo, Raúl Gutiérrez y Juan Carlos Osorio dieron a conocer las respectivas listas de convocados para los juegos que encararán sus combinados; donde destacaron algunas sopresas, de jugadores que en vez de aparecer en el listado del Tri Olímpico, fueron elegidos para la Selección Mexicana mayor.

      Eso nos recuerda, que así como coincidieron para estas convocatorias, seguramente abría una negociación, para permitir que algunos futbolstas, jueguen tanto en la Copa América Centenario, como en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

      Estos cinco futbolistas, son los que tienen mejores posibilidades de competir en ambos torneos:

      Hirving Lozano | El futbolista de los Tuzos fue mundialista en el torneo de Sub-20 de 2015, donde a pesar de no lograr pasar de la fase de grupos, fue uno de los referentes del equipo; después, se convirtió en uno de los elementos del Potro en el Preolímpico de CONCACAF, y finalizó el año como seleccionado de Juan Carlos Osorio. Esos antecedentes, lo convierten en un serio candidato a jugar Copa América y Juegos Olímpicos, donde, seguramente, tendrá más minutos, en el certamen de Río de Janeiro.

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      Rodolfo Pizarro | El otro Tuzo también es uno de los referentes de Rául Gutiérrez y ahora se ganó su segundo llamado con Juan Carlos Osorio, esta vez, para un juego oficial de la Selección Mexicana, por ello, de igual forma que Hirving, lo podríamos ver en ambas competencias, considerando que hay un mes de distancia entre el final de una y el comienzo de la otra.

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      Orbelín Pineda | También mundialista Sub-20 y uno de los pocos elementos de Chivas que ha respondido durante el Clausura 2016, el volante fue elegido por Juan Carlos Osorio para jugar contra Canadá, y por la edad, es un elemento al que el Potro Gutiérrez no se puede negar.

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      Jesús Tecatito Corona | En 2015, Jesús Manuel Corona participó en dos torneos veraniegos, por lo que en esta ocasión podría repetir en ese aspecto. El delantero del Porto tuvo la responsabilidad en la Copa América de Chile, y en la Copa Oro fue relevo, y en esta ocasión, podrían darle la oportunidad, de ser el referente en los Juegos Olímpicos, pues su edad hace que Raúl Gutiérrez pueda considerarlo, para darle al ataque del Tri, algo de experiencia internacional.

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      Carlos Salcedo | El Titán fue elegido por Juan Carlos Osorio nuevamente, y aunque no sea titular en la Copa América Centenario, seguro sería un buen elemento de relevo; y en cuanto a los Juegos Olímpicos, Raúl Gutiérrez siempre ha estado al pendiente de que Chivas le ceda al zaguero.

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    • Pulido, con mejor promedio de gol que Chicharito

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